29 diciembre 2015

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El código QR o el código de respuesta rápida nació con el objetivo de registrar repuestos en la fabricación de vehículos Toyota, ya que fue una subsidiaria de esta marca la que ideó este sistema en los 90. Con la expansión plena de los teléfonos inteligentes, los códigos QR se han derivado a un uso directo para el consumidor, uso que no siempre es acertado.

Existe un santo y seña en el uso correcto de estos códigos y es que debe cumplir lo siguiente:

  • El código debe ser sencillo de escanear. Muy lógico, pero no siempre se introducen estos códigos en posiciones cómodas para el usuario. Un ejemplo gráfico:

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  • El código QR debe sugerir que lleva a algo interesante, de otra forma no nos vamos a molestar en sacar el móvil y escanear el código.
  • El código debe llevar a una página optimizada para dispositivos móviles. Una obviedad que no siempre se cumple y termina por arruinar la intención de este código al completo.

Estos pasos tan elementales no siempre se valoran y aquí es donde entra en juego la creatividad, que no la usabilidad, de los idearios de muchas de las campañas que llevan un código QR adherido. Un añadido moderno y ágil para el cliente en potencia.

Un uso interesante es añadir este código en una tarjeta de visita. Más funcional y veloz que una dirección web, pero recordad que la información esté adaptada a un teléfono móvil, de otra forma la intención se quedará diluida. Otra opción de interés pasa por añadir un código de este tipo en un servicio concreto, por ejemplo, para evaluar servicios de una compañía cómo los seguros de la mutua de moto. Esto puede realizarse desde una página web convencional que nos lleve a través del código QR a un espacio dedicado en exclusiva a unos servicios en concreto o se puede habilitar a través de un tríptico publicitario.

El contrapunto se da cuando cuenta más la intención que el acabado y ya sabéis a qué me refiero. Se han llegado a ver códigos QR en la parte externa de aviones (muy práctico), en carteles publicitarios situados a varios metros de altura del usuario, en paradas de metro sin conexión a internet (bien jugado) o en vehículos de transporte público que deben ser muy accesibles para escanear el código.

Una herramienta muy potente a la que no siempre se le saca jugo.

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