9 diciembre 2014 Tecnología

Etiqueta_inteligente_mit
La tecnología es una gran aliada de la seguridad y puede resultar ser muy útil para determinadas situaciones de riesgo que pueden evitarse. La detección de gases perniciosos puede ser uno de los causantes de estas situaciones y desde el MIT han propuesto un sistema muy sencillo, barato y práctico que puede resolver muchos problemas de ese tipo, y además, resultar útiles en el día a día, que es a lo que debe aspirar todo adelanto tecnológico.

Se trata de unas etiquetas inteligentes equipadas con un sensor que detecta la presencia de un gas determinado, enviando esa información a un teléfono móvil que permite al usuario del mismo ver los datos de manera sencilla y clara. Las etiquetas utilizan tecnología NFC, que no necesita una fuente alimentación interna, ya que utiliza la carga del dispositivo que lo lee.

Estas etiquetas, que son como las que vemos en los centros comerciales para alarmar determinados objetos, se colocarían en la parte superior de un recipiente o en un lugar concreto. El sensor incorporado solo reacciona ante la presencia de un gas determinado y se puede leer acercando el móvil a la etiqueta. Para hacerlo, los responsables de este proyecto de MIT hacen un pequeño agujero en el circuito de la etiqueta.

Para conseguir que identifique el gas, se dibuja un enlace entre el circuito y la zona agujereada con un lápiz especial. Este no contiene el carbono normal, sino una combinación de nanotubos que reaccionan ante un gas determinado y si reacciona ante su presencia, se puede medir a través del smartphone.

Esto provoca que solo pueda leer un tipo concreto de gas, pero se pueden añadir varias etiquetas, capaces de registrar la presencia de varios gases, en un mismo recipiente. Esta tecnología puede resultar muy útil para determinar el estado de conservación de algunos productos que suelten un gas determinado cuando se estropean. A nivel práctico se puede colocar en las bandejas de alimentos en los supermercados para comprobar su nivel de calidad o en almacenes de alimentación, para tenerlo todo bien controlado.

Vía | MIT

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